Batuta en mano, el maestro de ceremonias se digna a comenzar. De mala gana se levanta del piso y murmura declaraciones de odio con su vista clavada en el violinista proncipal, quien en ese momento está riendo. Levanta su puño hasta la quijada del ya mencionado violinista que en pocos segundos caerá y cuya mala suerte definira el futuro del maestro por unos meses... Las cuerdas se tensan, no dan más y se cortan, el violín cae en la sorpresa y la madera cede a la gravedad. En stacato veloz separa cada vez más los cuerpos del director y el dirigido.
Una trompeta melancólica se escucha a lo lejos y los timbales irrumpen con furia el ambiente.
¡¡¡SILENCIO!!!LA OBRA VA A COMENZAR.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
mucha furiaaa
ResponderEliminar